Así, la reactivación por el consumo no es más que un pobre sustituto de una política de salarios; redistribuye tan solo unas migajas, sin replantear el fundamento del reparto de las fortunas, de los salarios y de los poderes. En el mismo sentido, la reactivación por la inversión no es más, de momento, que una manera de proteger los sectores, hoy dominantes y sobre endeudados (banca, seguros, inmobiliaria, automóvil).
Cualquiera de los dos tipos de reactivación solo tiene como objetivo salvar temporalmente del desastre a las élites de siempre, incluso les permite generar nuevos beneficios, por la especulación sobre la deuda acumulada; es el caso por ejemplo del plan Geithner, preparado por los banqueros de Goldman Sachs, que va a proporcionar a algunos fondos especulativos hacer fortuna con el dinero de los contribuyentes.
Así, en el naufragio que se avecina, todo ocurre, en el mundo y en Francia en particular, como si hubiera chalecos salvavidas solo para los pasajeros de primera clase, cuando todo indica, por el contrario, que sería esencial invertir en las industrias de futuro todo el dinero que se va a malgastar en los sectores que se encuentran en dificultad.
Empezando por la educación, la formación de los jóvenes parados, la selección y retribución de los investigadores. Luego, se trataría de invertir en pequeñas empresas innovadoras, para convertirlas en grupos de tamaño mundial, creadores de empleo, particularmente en sectores claves del mundo futuro: energías renovables (especialmente las energías solar y nuclear), biotecnologías, órganos artificiales, Internet y las nanotecnologías.
Para lograrlo y tras acometer con el menor coste posible las inevitables nacionalizaciones del sector financiero, habrá que reducir masivamente el endeudamiento y orientar el ahorro privado y público hacia estas empresas de futuro. Los EEUU acaban de entenderlo parcialmente, al dedicar una pequeña parte de sus enormes planes de reactivación a los sectores estratégicos, especialmente por el incremento de una tercera parte del presupuesto del principal instituto de investigación en la salud, el NIH.
Se sobreentiende que todo esto tendría mucho más sentido para Francia si se hiciera a un nivel Europeo; si, en vez de intentar preservar el máximo tiempo posible sus élites deficientes, los dirigentes de los 27 países miembros de la unión se dedicaran, por una vez, al futuro de sus juventudes, especialmente de las que no votan. O de las que, en cualquier caso no votan para ellos. Pero esto es quizás pedirles mucho a nuestros dirigentes."

Fuente: Blog de Jacques Attali.