Primero, el diseño de procesos de comunicación y la interacción entre estas dos culturas laborales es indispensable.

Estamos viviendo las premisas de una revolución en el manejo de la información. El “knowledge worker” es el prototipo del nuevo trabajador, independiente, móvil, sin fronteras e híper conectado. Está informado en tiempo real mediante el seguimiento de flujos rss organizados por temas de interés. Alimenta diariamente su red social profesional y personal, mediante plataformas 2.0 como LinkedIn o Facebook. Maneja sus aplicaciones en línea con el uso de Google Apps o Zimbra desde su iPhone o teléfono Google Android. Comparte mediante los blogs para desarrollar temas, o con Twitter para una información del instante.

La información proviene cada vez menos de los circuitos conocidos como son los de información institucional (intranet, boletines) o tradicional (prensa escrita, TV), considerados demasiado lentos y de pensamientos estandarizados.

El estar inmerso de forma continua y desde cualquier parte dentro de este tejido de expertos en cualquier tema, profesional o personal, permite obtener la información más afinada de parte de las personas más pertinente en un tiempo récord.

Sin embargo, esta bulla magmática y ultradinámica de informaciones e ideas intercambiadas entre personas de confianza que sobrepasa las estructuras tradicionales es una moneda de dos caras: es una oportunidad de generar tremendos valores agregados con un nivel de innovación muy alto, y al mismo tiempo un riesgo de perder el control del manejo de la información, y de la imagen de la organización.


La libertad es vital para la sobrevivencia de la empresa… pero ¿hasta dónde?

Algunas empresas han tenido un reflejo anticuado de buscar controlar estos nuevos comportamientos: de esta forma, sólo provocaron censurar y perder visibilidad sobre las nuevas ideas generadas por los knowledge workers, o simplemente la renuncia de los que vuelan hasta lugares más apropiados.

Pero ahora que llega al mercado laboral la Generación Y (nacidos entre el 1978 y el 1995) con esta cultura de compartir ideas con dinamismo en plataformas abiertas, no les queda de otra a las empresas que de ingeniárselas para integrarlos buscando el éxito de todos. En Costa Rica, la generación más numerosa es la de los nacidos en el 1985. Hoy el tema del teletrabajo es de moda, pero sólo es la punta del iceberg de una nueva forma de trabajar.

El reto del vínculo entre estas dos culturas es clave para la adaptación de las empresas a un mundo de información y de interconexión. La buena noticia es que no hay nada escrito, y es el talento de cada organización para entender como alinear sus empleados, sus procesos y la tecnología con la estrategia empresarial que le hará diferenciarse hacía adelante.